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#1
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![]() Advanced Member ![]() ![]() ![]() Grupo: Members Mensajes: 3.748 Desde: 11-March 08 De: Spain Usuario No.: 1.510 ![]() |
La verdad es que has puesto el listón muy 'alto'.
A su lado, Tarso Marques o Sakun Yamamoto parecen Fangio y Senna. Las cosas no son como empiezan, sino como terminan. Pedro, siempre contigo. Ánimo Fernando! -------------------- No se trata solo de ganar; se trata de correr, de competir, de ir lo más rápido posible!
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Publicado:
#2
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![]() ¡A ras! ![]() ![]() ![]() Grupo: Members Mensajes: 783 Desde: 11-March 08 De: Ourense Usuario No.: 5.140 ![]() |
Me acaba de venir a la memoria ahora mismo. Copio y pego (gracias nuevamente, Karnaplosky):
Puesto por Aren 27/03/03 en http://foro.todocoches.com Flat Out, Flat Broke Bueno, pues aquí va el primer fragmento de este libro, autobiografía de Perry McCarthy, más conocido por ser uno de los ¿afortunados? pilotos del equipo Andrea Moda. Intentaré, poco a poco, ir colgado otros fragmentos. Que os aproveche!! "Esperaba tener algo de suerte cuando llegué a Barcelona para competir en el GP de España. Recibí una cálida acogida del padock de la F1, similar a la que tuve en Brasil, y todo el mundo parecía genuínamente complacido de que mis problemas, finalmente, estuviesen resueltos. Mi coche aún no estaba a punto, pero estaban trabajando duramente para arreglarlo, así que, por lo menos, tenía una oportunidad de conseguir mi tan ansiado debut en la sesión de pre-clasificación de la mañana siguiente [...] [...] Seis coches tenían que participar en esta sesión de eliminación que empezaba el viernes a las 8 de la mañana. Como nuevos llegados, dos de esos coches eran los de nuestro equipo y los otros dos correspondían a los dos peores equipos del año anterior. A los cuatro más rápidos de nuestro grupo se nos permitiría competir en las sesiones oficilaes de calificación, reduciendo así la lista de inscritos a 30 coches. Sin embardo, los dos coches más lentos acabarían su participación allí mismo. Era el fin de su fin de semana de Gran Premio. Era plenamente consciente de este sistema, pero dado que nuestra más inmediata competencia iban a ser los dos coches del equipo Fondmetal y los dos del pobre equipo Brabham, era posible el pasar la primera criba. Para hacerlo, sin embargo, hacía falta que mi coche fuese fiable y yo tenía que estar fresco y en forma. A las 11 de la noche del jueves aún estaba con el equipo en nuestro garaje y el coche seguía sin estar reparado. Estaba cansado y había estado buscando, durante las cuatro últimas horas, a alguien que me quisiese llevar al hotel hasta que finalmente, y de mala gana, Andrea hizo que un mecánico me llevase a mi suite ejecutiva al otro lado de Barcelona. Cuando llegué descubrí que mis sueños de lujo habían sido un poco prematuros. El lugar parecía aún más agotado que yo. La recepción parecía sacada de una película de Drácula y cuando entré en mi habitación, descubrí que habían cinco camas más de las que esperaba pero, ¿a quien le importaba? Era medianoche, necesitaba dormir y pensaba en mi gran día. Como parecía que compartía habitación con la mayoría de mi equipo, no me preocupé de ordenar a recepción que me llamasen para despertarme ya que me habían asegurado que alguien me despertaría a las seis. A la mañana siguiente me desperté sin ayuda, encontrando la habitación bastante iluminada por la luz del día que penetraba por las cortinas finas como papel. Miré a mi alrededor con intranquilidad. Estaba solo. Nadie había dormido en sus camas. Mi pulso empezó a dispararse mientras llamaba a recepción para preguntar la hora. 'Son las 7:25 de la mañana, señor.' ¿Siete y veinticinco? ¡Siete y veinticinco! ¡No, por Dios, no! Se suponía que tenía que estar sobre la maldita pista a las 8, y ahí estaba, en la cama, al otro lado de Barcelona, sin coche de alquiler. ¿Por qué nadie me había llamado? ¡Sabía el por qué, sabía el jodido por qué! Aquellos malditos y estúpidos maníacos no fueron nunca a su habitación, ¡aquel era el por qué! Obviamente, Andrea les había hecho trabajar en los coches toda la noche y se les había pasado por alto que tal vez podrían necesitar una tonta e insustancial cosa llamada piloto. ¡Oh Dios! Había llegado a la Fórmula 1, había tenido un problema con mi licencia, pero dado que todo el mundo creía que era tan serio, Bernie me había respaldado, Max me había respaldado... otros equipos... toda la prensa... ¡Y para darles las gracias, no iba a presentarme! Los siguientes minutos fueron una confusión. La única persona que se podía haber lavado y vestido más rápido era Superman. Corrí escaleras abajo hacia el vestíbulo ciego de pánico. El chico de recepción me informó de que si quería un taxi tendría que esperarme media hora, así que empecé una búsqueda desesperada de alguien de mi equipo, de cualquier equipo, cualquiera. ¡Necesitaba un medio de transporte hasta el circuíto y lo necesitaba ya! ¡Oh Dios, ayúdame, por favor! Bien, pues parece que lo hizo. El problema con el viejo Dios, sin embargo, es que siempre que acude en mi ayuda, lo hace con un muy absurdo sentido del humor. Justo cuando empezaba a pensar que estaba acabado, tuve la enorme suerte de que el hermano de Andrea atravesase la puerta principal. Acababa de llegar de alguna discoteca y parecía muerto, pero era un milagro total. Era mi única oportunidad y disponíamos de 25 minutos para completar un trayecto que en un fin de semana de gran premio habría tomado una hora. Al atravesar la ciudad necesité otro milagro puesto que pensaba que iba a morir. El hermano de Andrea estaba completamente centrado en su misión de llevarme al circuito a tiempo. Circulaba a fondo a 130 o 140 km/h por las calles de la ciudad, saltándose los semáforos en rojo a la misma velocidad. Estaba paralizado de miedo. Era de locos, la situación era de locos, mi maldita vida era de locos. Me agarré al asiento y recé mientras intentaba evitar el contacto visual con los ojos de mi conductor, ya que pensaba que era el diablo encarnado. Increíblemente, a pesar de todo, el loco bastardo lo hizo, y con humo saliendo de los frenos y el radiador, y con un sonido de martilleo saliendo del motor, me dejó frente al paddock de la Fórmula 1 con dos minutos de adelanto. Eché una última mirada al pobre coche de alquiler que había dado su vida por mi carrera y arranqué a correr como un loco hacia el camión. Una vez en el interior, me embutí en mi mono de carreras, y con ojos desorbitados cuya mirada parecía la de un salvaje que acaba de descubrir fuego, irrumpí en el garage. Eran las 8:05 y no había tiempo para hablar con la masa de prensa que habían estado esperando mi llegada o, tal vez, para estrangular a aquel bastardo de Andrea por abandonarme en el hotel. Salté al coche y dí la seña a mi maravilloso equipo de que estaba listo para salir a pista y convertirme en un piloto de gran premio. Eso, por supuesto, habría sido demasiado sencillo. El motor no se ponía en marcha, así que inyectaron una solución altamente combustible, llamada Quick-start, por la toma de aire, justo tras mi cabeza. Pero usaron demasiada, con lo que motor se encendió y lanzó un chorro de llamas alrededor de mi nuevo casco, que había sido pintado con los colores de Gilles Villeneuve. Chillé de sorpresa, solté los cinturones y salté hacia adelante para evitar ser frito. Alguien me lanzó una manta por encima y, afortunadamente, el fuego se extinguió rápidamente. No estaba seguro de cuanto más iba a poder aguantar, pero me reajusté el arnés y esta vez, mi motor Judd V10 de fabricación británica tosió, resopló y cobró vida. Seleccioné la primera marcha e intenté calmarme después de mis aventuras matutinas que habían incluído mi propia versión de "Solo en casa", múltiples casi impactos en la carretera y una quasi cremación... y aún no eran más de las ocho y cuarto. Salí del garaje y conduje a lo largo de la línea de pit. Podía ver la pista frente a mi y con un escalofrío de expectación, aceleré hacia ella. Pero justo cuando crucé la línea blanca que marca el inicio del circuito, el motor volvió a toser, resoplar, se caló y rodé hasta que el coche se detuvo. Y eso fue todo. Mi debut había acabado. No podía rearrancar el coche porque no había sistema de encendido a bordo y a pesar de estar lo suficientemente cerca como para hablar con el equipo, no tenían permitido empujarme porque, oficialmente, estaba en el circuíto. Todo lo que podía hacer era salir del coche y mirar hacia boxes con incredulidad. Con una distancia de 20 metros yo, Perry McCarthy, había establecido un nuevo record en la Fórmula 1, ¡el intento de calificación más corto jamás hecho en un gran premio! ![]() Edited by - QUIQUE A. on 21/11/2007 8:44:59 |
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