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Nivola

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9 Apr 2009
Hola caballeros.

A raíz del hilo en el que se dilucidan nuestras preferencias por los diferentes pilotos en la historia, haciendo listados y demás, he decidido abrir este post, que sin ser algo muy parecido, algo tiene que ver.

El caso es que recientemente ha caído en mis manos (prestado por mi hermano) un bellísimo volumen, sobre todo en el apartado gráfico, titulado así: PILOTOS.
Es una obra de los notables fotógrafos de F1 Bernard y Paul Henri Cahier (padre e hijo), probablemente de los más prestigiosos en el Circo, si no los que más, y desde el propio inicio (1950)…y contiene instantáneas grandiosas.
Asimismo, con textos de Xavier Chimits, hace un repaso por un listado de 72 pilotos, desde el primer mundial hasta nuestros días, dedicando una breve sinopsis de cada uno, mitad biografía, mitad anécdotas o curiosidades de su carrera, en un metafórico relato de la historia de la F1 a través de ellos.

Puede que en ese listado falte alguno en nuestras preferencias, y tal vez nos sobren otros…pero tratándose de Pilotos de F1, ¿quién somos nosotros para decir que tal piloto “sobra”, por humilde que fuera su carrera en comparación con otros…?

¿Qué es lo que define a un piloto? Llevar casco y mono, conducir más rápido que los demás, frenar más tarde y acelerar antes.
El juego parece intrascendente. Tanto más si tenemos en cuenta que, además, es peligroso.
Pero ningún mundo valdría la pena si no albergase a ciertos conquistadores de lo inútil. ¿Y qué es un piloto de F1?
La élite de esta hermandad.

El campeonato del mundo de F1 vio la luz por primera vez el 13 de mayo de 1950 en Silverstone.
Desde entonces, más de 600 hombres y también mujeres (Lella Lombardi y María Teresa de Filippis) han participado en un GP.
No compartían ni comparten orígenes, ni geográficos, ni sociales (Fangio era hijo de un obrero y De Portago, nieto de un rey).
No comparten tampoco las mismas habilidades, ni siquiera el mismo ímpetu a la hora de alcanzar la victoria.
Unos han pasado sin conquistar grandes logros, y muchos no obtuvieron ningún título mundial, pero sin duda pusieron su granito de arena para construir la historia de la Fórmula 1.
Mencione sus nombres en cualquier reunión de amantes de los Grandes Premios y verá cómo, al instante, caras y recuerdos saltarán a la memoria de los participantes.
Recuerdos alegres y recuerdos tristes, proezas, anécdotas, injusticias, dramas, palabras graciosas, amistades e incluso odios que dibujan más de medio siglo de F1.

Se han elegido unos y descartado otros, barones de primera y segunda fila, hasta incluir 72 pilotos, sin pretensión de contar la historia de la F1, sino únicamente la de algunos de aquellos que la han escrito, y rendirles así homenaje.

Por eso este libro lleva tan bello título: Pilotos, sin más florituras.

Si queréis os puedo ir poniendo en este hilo, un piloto tras otro hasta completar esa lista, según vaya teniendo tiempo, y si queréis, podéis ir vosotros ampliando la lista si veis que alguno de vuestras preferencias no sale.
Aunque el libro los clasifica por aptitudes (los técnicos, los constantes, los duros, los romanticos…) yo os los pondré por orden cronológico, más intuitivo.
(Tened en cuenta que el libro es de 2006 ó 2007, por lo que en los resúmenes de X. Chimits, podeis encontrar algún dato no muy actualizado, por ejemplo habla de Hamilton, pero aún no era campeón…y cosas así)

Por ser la primera entrega, os tengo listos 3 pilotos de golpe, jeje… wink.gif

Saludos a todos.
PD. Quiero especialmente dedicar este post a Raquel…de quien me ha parecido entender hace poco (he estado unos meses fuera y algo ausente) que ya no frecuenta mucho por aquí… irremediable pérdida si es cierto, al menos para mi, y seguro que para muchos…siempre me consideraré en deuda con muchas de sus aportaciones…y por cierto, la debo especialmente a ella una historia inacabada, que aún no he terminado de traducir…espero que aún nos lea, pues pienso lograrlo, poco a poco wink.gif )



NINO FARINA
"EL CANTO DEL CISNE"

Italia. Nacido el 30 de Octubre de 1906, fallecido el 30 de Junio de 1966.

Palmarés F1:
33 Grandes Premios, de 1950 a 1955.
5 Victorias
5 Poles Positions
6 Récords de vuelta
128 puntos acumulados.

Campeón del Mundo en 1950.

Doctor en ciencias políticas con distracciones aristocráticas (esquí, tenis, hípica), amigos que no frecuentan las carreras y una relación no muy estrecha con el resto de pilotos.
Tal era la vida de Nino Farina. Pero desde que se ponía el casco, Nino cambiaba de vida, se metía en otra piel.
Para este patricio de perfil clásico, la carrera no era un arte, ni siquiera un oficio. Era un combate.

Y así, Farina nunca gozó de gran popularidad entre sus compañeros.
Sobrino del carrocero “Pinin”, Farina no pertenecía a ese mundo, le consideraban frio, distante, altivo. Y sobre todo, peligroso.
En aquellos días, el código de conducta del automovilismo establecía que un piloto al que se adelantaba debía dejar pasar a su rival sin oponer resistencia. Pero Nino sólo atendía a sus propias reglas.
Antes de la guerra, se había visto implicado en dos choques que resultaron en la muerte de sus adversarios: Lehoux en Deauville (1936) y Hartmann en Trípoli al año siguiente. Y sus modales no parecían suavizarse con el paso de los años.

A principios de 1950, con 43 años, estaba convencido de que el recién creado Campeonato del Mundo de F1 le pertenece por derecho propio. ¿ O acaso no es la primera voz de la potente escudería Alfa Romeo?
Los únicos pilotos que consideraba a su altura en Alfa, Varzi y Wimille, habían muerto hacía un año. En cuanto a sus dos nuevos compañeros, Nino veía que uno era demasiado mayor y el otro demasiado inexperto: Fagioli tiene 51 años, y Fangio acaba de desembarcar de la lejana Argentina, donde corría, nada más y nada menos, que por la Pampa…

Y, como tantos otros, Farina no tuvo ocasión de ver el esplendor de Fangio.
Durante toda la temporada del 50, sólo es capaz de superarlo una vez, el 13 de Mayo, en Silverstone, primer Gran Premio en la historia de la F1. Una semana más tarde, en Mónaco, Farina vuelve a su pesadilla: tratando de seguir el ritmo impuesto por el argentino, choca, ya en la primera vuelta, contra la pared de un estanco de tabaco, provocando una colisión general tras él en la que otros ocho pilotos perdieron su monoplaza.
A partir de ahora, será Fangio quien lleve la batuta del clan Alfa. Pero su abandono a causa de un fallo mecánico en Berna beneficia a Farina, que se hace con el GP de Suiza y llega a Monza, sexta y última carrera de la temporada, a la zaga de su compañero: sólo cuatro puntos les separan.
Pero el argentino sufre dos averías en Monza, primero en su propio Alfa, y después en el de Taruffi (el reglamento de la época autorizaba a un piloto a que continuase la carrera en cualquier otro coche de su mismo equipo).
Farina gana la carrera y, con ella, el título. Fangio es el primero en felicitarle.

Por supuesto, a Nino le sonrió la suerte en aquella ocasión.
Cuando le coronaron, ya no era el mejor piloto de su época. Pero había resistido las embestidas de Fangio, incluso le había batido, algo de lo que no muchos pilotos pueden jactarse. Y su título, un canto de cisne al resto de pilotos de avant guerre, ponía un punto y aparte entre dos épocas del automovilismo.

Fangio podía permitirse un buen perder, de todas maneras, sabía que su hora llegaría en breve. Y sin embargo, para Farina, este título suponía una recompensa por los años ya pasados.
Antes de que la guerra estallase, el joven Nino estaba demasiado verde como para luchar contra Nuvolari, Lang, Varzi, Rosemeyer o Caracciola; y tras la guerra, demasiado gastado, tanto por el tiempo como por las heridas, como para detener la marcha de una nueva generación de pilotos como Fangio o Ascari.
Farina pudo haberse labrado un destino, una leyenda, si la guerra no se hubiese llevado los mejores años de su vida. Así que, si pensamos en ello, no podemos sino alegrarnos de que consiguiese el primer título de la historia de la F1.

Su fallo fue el no haber sabido retirarse a tiempo, cuando aún estaba en la cima de su gloria.
Por intentar resistir a Fangio y a Ascari, en Alfa y Ferrari respectivamente, su palmarés únicamente engrosó con dos victorias e innumerables accidentes. Y antes de abdicar, prefirió probar suerte del otro lado del Atlántico. Dos fracasos en Indianápolis, en 1956 y 1957, le abrieron los ojos.
Y así, con 50 años cumplidos, se dio cuenta de que su época ya había pasado.

Nino tenía con qué ocupar su jubilación: un concesionario de Jaguar, las relaciones públicas de Pininfarina, la presidencia de la comisión deportiva del Automovile Club de Milán… Y de vez en cuando, se dejaba ver por los circuitos.
El 30 de Junio de 1966, de camino a Reims para asistir al GP de Francia, su Lotus Cortina se estrella contra un árbol al descender los Alpes, en las proximidades de Chambéry.
¡ Había escapado a tantas otras! Pero esta fue la última vez que se salió de pista.






Próxima entrega: Fangio.
7 Apr 2008
Hola señores.
He decidido crear este nuevo topic y os cuento por qué.
Llevo en el foro desde su creación, aunque me registrara en él bastante tarde, no se, dos o tres años después, el caso es que desde el inicio fui asiduo lector, y a pesar de haber intervenido contadas veces, me sentía suficientemente integrado a la "familia" compartiendo y leyendo los diferentes temas.

Y ahora me ha dado por retomar una vieja costumbre del foro que particularmente siempre me fascinó (creo que hace tiempo que no se saca uno de estos temas): la historia antigua del automovilismo, digamos la Edad de Oro del motor...
No se si os interesará, pero bueno, yo lo lanzo, y si no tiene buena acogida, con dejarlo hundirse en el tiempo asunto arreglado. Espero que no moleste a nadie.

Vereis, muchos de vosotros habreis leído "Hombres, mujeres y motores" , una joya --aparte de disquisiciones o gustos literarios-- sobre esa época dorada a la que me refiero.
Pues es a algo así a lo que quiero llegar; algún topic de este género se hecha de menos de vez en cuando. Al menos a mí me pasa. A muchos os parecerá un peñazo, con no prestarlo atención, punto.

La cosa es que hubo un piloto de aquellos míticos que siempre me llamó la atención, y desde que leí ese libro, su figura fue incrementando mi curiosidad. Más tarde, con posteriores lecturas indagando en el personaje, confieso que caí en la más absoluta fascinación. Se trata de Tazio Nuvolari, el viejo "Nivola"...( de ahí mi nick...).

Hace unos años, en una visita al antiguo Circuito de Pau (Francia), escenario de legendarias carreras de la época (y de épicas actuaciones de este piloto), tuve la milagrosa fortuna de encontrar en una pequeña librería de la ciudad dedicada al motor, una maravillosa publicación: "Nuvolari. The legend lives on" un libro original de C. De Agostini.
Me costó un ojo de la cara y parte de un riñón, pero no lo dudé, sólo por las fotografías, láminas y grabados merece la pena; aunque es mucho más que eso...
Más tarde traté de encontrar una edición en español, desconozco si existe, pero no he dado con ella.

Si os parece, me propongo transcribiros un poco del inicio del libro, por si a alguno le interesa, no conoce, o siente curiosidad por este piloto, llamado por sus propios compañeros "El Gran Maestro".

Os aviso que es una traducción propia,totalmente libre, sobre un estilo literario en que el autor juega a caballo entre un lenguaje antiguo y moderno, por lo que algunas expresiones o saltos os pueden descolocar un poco o pareceros algo incoherentes. En ese caso el error es todo mío. Perdón por adelantado.
De todos modos pienso que quizá pueda valer para entenderlo un poco.
Espero que os guste....


AQUEL 11 DE AGOSTO

" Las noticias se propagaron con enorme rapidez duante las horas tempranas de la mañana. Se introdujeron en los hogares, en las tiendas, en los bares, y fluyeron a lo largo de las calles de la ciudad, alcanzaron a los hombres que iban a trabajar, a las mujeres de camino al mercado, y hasta a los chicos que pedaleaban rápidamente en sus bicicletas para entregar el pan reciente o una botella de leche.
El mediodía en Mantua se llenó de comentarios y recuerdos, con la gente unida en una vaga sensación de orgullo traicionado.
A las tres de la tarde, ya una masa humana se había amontonado en una bochornosa Viale Rimembranze, rodeándola en una especie de atestada pero silenciosa parada, esperando todos para ver el rostro que perteneció a ese nombre. Un acústico y sugestivo nombre que recordaba el rugido de los motores, pero que también evocaba a algo etéreo y liviano.
Nuvolari --con aquella sonora "a" que el nombre arrastraba a cuestas-- los recibió tendido inmóvil en su estudio, sus ojos cerrados y una serena expresión en su cara porque ,compitiendo y arriesgando, él mismo ya había asistido a su propio funeral muchas veces. Quizá fue por eso por lo que lo vistieron con su jersey amarillo, pantalón azul pálido y un casco de piel blanco , el cual parecía querer proteger su cabeza de aquel torrente de salutaciones finales.
Ese era el atuendo que él quiso, y no el otro rojo oscuro, ya que el blanco le parecía más adecuado. Le recordaba su última carrera tres años atrás en Palermo, pero también le traía a la memoria la interminable secuencia de victorias en aquel fabuloso año de 1932, cuando no hubo una sola nube frente a su sol.

El destino quiso que él se expresase a sí mismo a través de la velocidad.
Esa primitiva necesidad, anterior incluso a las pinturas de los búfalos grabados por manos prehistóricas en las rocas de Altamira, hizo que el hombre, tan pronto como descubrió y comprendió la fascinación por el movimiento, la velocidad, sintiera la necesidad de hacerlo. Y siempre más rápido.
Nuvolari empleó su vida corriendo, primero a través de su imaginación; después con la realidad firmemente agarrada entre sus manos; y finalmente, con todos los recuerdos que se entrelazaban en su corazón, y que ahora y entonces se le introducían como una puñalada de nostalgia.
Continuó corriendo mientras el mundo pasó frente a él. No realmente una carrera. Al contrario, era como si el tiempo se hubiera detenido justo antes de la salida. En esos fugaces momentos, se convertía en un relámpago de pantalones azul pálido dentro del cockpit con el jersey amarillo estrechando su torso. Pero también en un par de labios apretados y dos brazos relajados, quietos, que se adherían ellos mismos al cuerpo como las alas plegadas de una garza, esperando extenderse hacia el volante.

Había adquirido el halo de leyenda en su máxima extensión. Todo el mundo sabía que era el piloto de los milagros.
El único capaz de ganar con coches muy inferiores.
El hombre que corrió a través de las carreteras de la Mille Miglia, lastimosamente, y sin embargo indomable, conduciendo un coche cuyos frenos se habían agotado.
Un hombre que ,encajado en un molde de escayola tras un accidente, hizo el esfuerzo de subirse a una motocicleta y ganar la carrera.
El hombre que en otra ocasión, de noche, con sus luces delanteras apagadas, fue capaz de engañar a su adversario y reducir las diferencias para entonces adelantarlo con la línea de llegada ya a la vista.
Un piloto que fue capaz de correr ajustando una especie de bridas en sustitución del volante dañado...
Un hombre en el que se mezclaba la realidad con la leyenda, manteniendo viva la memoria de la gente.

Aquel 11 de Agosto, su vida entera fue revisada otra vez, instante por instante. Las pistas reviradas, la riada de victorias, con absoluta indiferencia por saber si muchos episodios fueron o no reales. Ya en vida disfrutó de los sólidos vapores de la leyenda, que explican en todo caso un hecho innegable: la admiración por el corage que empuja a alguien hasta más allá de todos los límites.


¿ El más grande...?

Nació en Castel d´Ario, un pequeño pueblo mantovano a tiro de piedra de Verona, en Italia. Aunque en realidad sus antepasados provenían de diversos lugares, proporcionándole algo cada uno de ellos, algo que le ayudó a vivir, a sobrevivir con aquel nombre --Tazio-- tan inusual, romántico y hermético.
No obstante, él jamás habría imaginado que ese nombre daría jaque mate a la ley del olvido, como luego lo harían Fausto Coppi, Pelé, "Manolete", Ricado Zamora o también James Dean o Marilyn Monroe.

Enzo Ferrari llegó al velatorio desde Módena a las cinco de la tarde.
Alto, fuerte, cercano a alcanzar una popularidad casi mesiánica, franqueó la entrada de Villa Nuvolari, pintada de amarillo y rodeda por un murete ajardinado construído a la manera y en recuerdo de las pistas del antiguo Nurburgring, y penetró en el pequeño estudio, ahora tranformado en capilla.
La más preciada reliquia estaba allí, inmóvil, como si estuviera concentrándose, dispuesto a atacar de nuevo.
Quién sabe lo que pensó Ferrari cuando su cuerpo dudó, como siempre ocurre frente a la muerte, probablemente que todo eso era una alucinación. Después continuó allí quieto, enigmático y severo, como una estatua.
Sus pensamientos lo transportaron a otra capilla ardiente, aquella en la que el hijo mayor de Tazio, Giorgio, yació en paz después de haber muerto mientras su padre estaba en América, defendiendo inutilmente la "Vanderbilt Cup" que había conquistado para Italia el año anterior. Fue Ferrari quien sostuvo el contacto con Nuvolari al otro lado del océano, y quien telegrafió al piloto en ese duro momento con la mala noticia.
Pero ahora no había nada que telegrafiar,porque no existía un extenso océano entre la estatua y el hombre vestido de amarillo y azul claro, sólo unas pocas pulgadas...
El constructor de los coches más prestigiosos del mundo nunca antes vivió una intimidad tan intensa con ese hombre, que en días remotos, le dio la mayor de las satisfacciones en su modesta trayectoria como piloto, cuando al final de una carrera, Nuvolari confió al alto e inalterable hombre que había tenido que trabajar como nunca para derrotarlo.

La extraña inmovilidad de Tazio retrajo a Ferrari, que por un momento sintió flaquear. Sobre todo porque le asaltaban los recuerdos; se acordó de aquel otro día en Módena, inmediatamente después de la II Guerra Mundial: Nuvolari estaba compitiendo por Italia en un coche que insultaba su nombre y su pasado, y aunque orgulloso, su cuerpo ya era solo un vestigio del vigor que había sido antaño. Mas, deteriorado en lo físico y desgarrado psicológicamente, jamás cedió a la realidad del eterno anhelo por la velocidad y las curvas rápidas.

Ferrari jamás lo dudó: el piloto a situar en un pedestal era Nuvolari, que existió gracias a sus propias virtudes. En toda su carrera, no hay vestigio de maestro alguno, de un ejemplo, o al menos de un ídolo. Al contrario, él fue el inspirador, pasado y presente, de quienes llegaron a ser los más eficaces intérpretes del arte del pilotaje: Nino Farina, el primer campeón mundial de la era moderna,por ejemplo, o Stirling Moss, Fangio,e incluso Gilles Villeneuve.

Siempre en algún momento, surge la intrigante pregunta que suele arrojar estériles pero curiosos argumentos: ¿Quién ha sido el más grande piloto de todos los tiempos?
Periodistas de todas las naciones son consultados; los fans son involucrados y responden a formularios complejos; la gente incluso recurre a los computadores buscando la respuesta...
Si por grande queremos decir la persona que ha legado el mayor número de memorias vívidas, de ecos más lúcidos, y un inagotable sinfín de puntos de referencia, entonces no hay duda: el piloto más grande es Tazio Nuvolari. "


En fin, lo dejo aquí. Espero que a alguien le haya gustado o le abra el apetito por saber más cosas de la "prehistoria del motor".
Si viera que estais interesados en conocer algo más de la figura de este piloto, o del libro, puedo ir desgranando poco a poco otras partes interesantes del libro en este topic.

Un saludo, caballeros.
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